Nuestras comunidades teresianas nos encontramos en Bellvitge

Lo decidimos -en un momento de gran emoción- las que asistimos a la despedida de las hermanas de Can Vidalet. Después de la Eucaristía, la Comunidad nos invitó a subir a su casa y nos ofrecieron un piscolabis. Fue allí donde la alegría de volvernos a encontrar presencialmente, no por internet, nos hizo caer en la cuenta de la necesidad tan grande que sentíamos de volver a aquellos encuentros a los que nos habíamos acostumbrado antes de la pandemia.

Alguien sugirió volver a ellos enseguida, sin dejar pasar más tiempo. Fue un deseo secundado unánimemente: el día de San Juan pareció que podía ser bueno para la mayoría. La Comunidad de Bellvitge, con su característica hospitalidad, nos ofrecieron hacerlo en su casa. Por otra parte ellas tienen la facilidad de ofrecer a todas un local en donde encontrarnos, en su  parroquia de san Juan Evangelista.

Creo manifestar el sentimiento de todas las que nos encontramos, al decir que fue una jornada preciosa que recordaremos como uno de los momentos más deseados después de estar durante cerca de año y medio viéndonos únicamente a través de las pequeñas ventanas del televisor.

Reunidas alrededor de una mesa, preparada con tanto esmero como amor y fraternidad, comenzamos con una oración que habíamos preparado de antemano.

La sencillez fue el signo que nos hizo gozar de la Palabra del evangelio, de la palabra de Teresa y de la de cada una de nosotras.

El texto de la llamada de Jesús a los apóstoles dio pie al primer diálogo de oración participada: las hermanas que lo desearan podían comunicarnos a todas algún momento de su “llamada”, o bien al iniciar el camino de la vocación o bien a lo largo de las distintas llamadas a través de los años  y los destinos dando por ello gracias a Dios. Fue precioso.

La segunda parte, siempre acompañando la oración de cantos alusivos, fue la palabra de Teresa en la Fundación de San José explicando para que hemos sido llamadas, convencidas de que “no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia”, haciendo alusión a lo vivido durante la pandemia en cada comunidad.

La comida fue de verdadera fraternidad, en un ambiente precioso y disfrutando de lo que las hermanas de Bellvitge nos habían preparado con esmero, buen gusto y… buen paladar.

Ha sido el comienzo. No tardaremos demasiado en volvernos a encontrar. La mayoría somos de edad avanzada pero metidas todas en las actividades a las que podemos llegar y sentirnos unidas en la misión. Creo que nos fuimos cada una a su comunidad con el gozo de sentirnos hermanas, en nuestra querida  Compañía de Santa  Teresa de Jesús.

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