Felicidades Compañía

Nació de un sueño en una noche de primavera.

Era un 2 de abril: “examine este proyecto: ¿Dios lo quiere?”

Y Dios dijo SÍ al proyecto de un hombre que tuvo el coraje de soñar:

“que todos conozcan a Jesús y lo amen, que lo hagan conocer y amar…”.

La semilla germinó al calor del Espíritu, rasgó la tierra un 23 de junio de 1876, como el trigo de verano confiado al sol de Dios.

Y la obra fue creciendo en número y en proyectos. Atravesó fronteras, cruzó océanos, fue madurando con el sol y la lluvia, la brisa y los fuertes vientos y tempestades…

Llegaron crisis de crecimiento (internas y externas), el polvo de los caminos, el desgaste del tiempo, el martirio..

Pero no pereciste, Compañía.

En la proa de la barca, el timonero iba cuidado de su obra predilecta.

Su fe viva, su confianza ilimitada, su fuerza de sacerdote, “templo y ministro”, fueron faros en las horas de borrasca y pruebas.

Creyó en el valor de la mujer moldeada según el espíritu de Santa Teresa y las virtudes de María Inmaculada; mujer que habría de regenerar el mundo por la oración y el celo, por la generosidad y la entrega, siendo fuerte en el Espíritu y testigo del amor y la verdad.

¡Ya pasaron 144 años!

El camino de nuestra Compañía es largo…

Pero continúa en pie para seguir el camino que es Cristo.

Por ella pasaron y dieron vida, cientos de hermanas que son para nosotras, herencia del amor del Padre.

En el cielo, interceden por nosotras con María, con Teresa y con Enrique…

No estamos solas, “con tan buen Amigo al lado», ¿qué puede haber difícil?

Cambiaron los tiempo, la cultura, los contextos de la vida…

Hoy somos nosostras las que hemos de abrir caminos nuevos para tiempos nuevos.

Con “nuevos métodos, con nuevas expreisones y nuevo ardor”.

Pero con el mismo espíritu de las primeras para construir la “civilización del amor”.

Vamos por el mundo, por muchos lugares de la tierra, por los márgenes y las periferias donde Jesús se esconde, donde peligran los intereses de Jesús.

Seamos fermento dando lo poquito que de nosotras depende en esta aldea global, en esta casa común.

Para que tal y como hace 144 años, la Compañía a través de nosotras, sus hijas, continúe dando lo mejor para “restaurar en Cristo todas las cosas”.

Maria de Fátima Magalhães stj

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