Dos “reconocimientos” que agradecer a Dios

Cualquiera de las acciones, actuaciones y proyectos de una Hermana de la Compañía de Santa Teresa de Jesús son acción, actuación y proyecto de toda la Compañía. Por eso podemos participar todas de esos acontecimientos.

Últimamente –tal vez como final de una trayectoria- o sea de mis últimos o penúltimos años, se me ha premiado, elogiado y considerado. A Dios gracias me ha pillado en una edad en la que una ve claro la verdad de Ignacio de Loyola que “ni somos mejores cuando nos elogian, ni peores cuando nos vituperan”.

De todos modos, mi postura es la de agradecer a Dios y a mis hermanas estos momentos. A Dios porque todo depende de Él y vuelve a Él. Y a mis hermanas porque siempre me he sentido una parte de la comunidad y en su nombre lo he recibido.

Primero fue el inesperado premio de la ONCE a la tarea social que me dio la oportunidad de conocer el encomiable trabajo de esta institución que tiene solo dos años menos que yo, pues nació en el 1938.

Una fiesta preciosa en donde pudieron asistir algunas Hermanas de la Compañía, a las que, desde aquí agradezco su presencia.

Y, ahora la inauguración de la  “Fundación Viqui Molins” en la se perpetuará un trabajo precioso que valoro mucho, como es el de los llamados “Pisos de oportunidades” para jóvenes en situación de riesgo. Recuerdo las palabras de Sor Genoveva Massip, una Hermana de la Caridad que siempre digo que fue mi “maestra de tendresa” (ternura, en castellano) y, cuando estaba a punto de morir, me preguntó: “Viqui, cuando yo muera, tú, ¿seguirás con los nuestros?” “Y tanto”, le respondí.

Ahora puedo decir que, gracias a la Fundación que acaba de nacer –Fundación Viqui Molins- podré seguir después de que el Señor me llame. Cuando me dijeron que iban a crearla no podía ni creérmelo ni me parecía oportuno. Pero ese pensamiento de continuar después de que me vaya al Padre, me animó a aceptarlo.

Ayer se presentó en Santa Anna esta Fundación, en una iglesia llena de gente y sobre todo con el gozo de sentirme rodeada en un momento determinado por los jóvenes que en estos momentos o estaban gozando de los “pisos de oportunidades” o ya había pasado por ellos y conseguido su  legalización, permiso de trabajo y el trabajo mismo.

Fue un acto precioso en el que también pude gozar de la presencia de mis hermanas de la Comunidad y de las hermosas palabras de Ana Cifrián que habló de nuestros años en el Raval, y las de Tere Torres nuestra Coordinadora, que habló en representación de la Compañía de Santa Teresa, dándome así la alegría más grande. Todo lo que soy, lo que hago -se reconozca o no- lo hago por Jesús, desde el Evangelio y desde la Compañía. Y así lo he sentido siempre.

Por eso cuando en los medios de comunicación me presentan, siempre exijo ese apelativo, “monja teresiana”, como acostumbran a decir para entendimiento de la gente.

Las fotos que envío de ambos actos ponen de manifiesto la necesidad de dar gracias a Dios que es el que actúa en nosotras y con nosotras. Y yo doy se lo agradezco de corazón como el regalo que me hace cada día de estar con los vulnerables tan amados de Jesús y por la Compañía de Santa Teresa de Jesús desde la que actúo.   (Victòria Molins)

 

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