Compartiendo gratitud

En estos días más relajados de verano en los que una trastea un poco por aquí y otro por allí, me encontré en Facebook con esta viñeta que me pareció en principio, una de tantas que invitan a filosofar, reflexionar y…todo lo que quieras . Pero reconozco que no me dejó indiferente.

“Y si… sí…” Me sirvo del título de un nuevo programa de la TV, que confieso no he visto, pero cuyo título me vale para cuestionarme.

Y si, sí, reconociéramos que la mayoría de la veces rezamos, invocamos, suplicamos… para pedir más que para agradecer, ¿no estaremos configurando un estilo de vida, no ya solo de oración, apoyado más en la frustración de lo no obtenido, esperado… que en el agradecimiento?

Por experiencia, sabemos que las frustraciones no aceptadas generan insatisfacción y la insatisfacción nos niega el lado bueno y positivo de las cosas, de los acontecimientos y de las personas.

Cuando nos centramos en nosotras mismas y en nuestros intereses la oración se torna un bucle; y más si no estoy o estamos atentas a revisar y cuestionarnos de vez en cuando “¿me vivo con alegría? ¿muestro alegría en mis entornos? ¿dónde se apoya mi alegría? Centrarme en pedir lo que me falta, lo que necesito, es un pozo sin fondo que nos llevará a la insatisfacción casi constante.

Pero ¿y si le damos la vuelta y nos situamos en EL AGRADECER? Agradecer cada uno de nuestros sentidos, aunque no los tengamos todos al cien por cien, porque nos permiten continuar con la misión que se nos ha encomendado. Recordaba un canto de mi tiempo de juniorado, que sigue expresando  cómo somos don y ofrenda con nuestros sentidos, manos, pies…

Porque no tienes ya pies que recorran caminos, avanza hoy, Señor, si quieres con los míos.

Con todo lo que soy como instrumento, contempla hoy, Señor, habla, trabaja, acaricia, camina, besa y ama.

Mis pies, mis ojos, mis labios, mis manos, mi corazón… Aunque no agradezcamos diariamente todos y cada uno de ellos, reconocemos que con lo que somos prolongamos “a través de mi vida en mi jornada la misión que en Tu Vida dejaste inacabada” No, hasta que no se acaban nuestros sentidos no hemos terminado nuestra misión y aun careciendo de ellos favorecemos el que otros hermanos y hermanas puedan ejercitar los suyos y ORAR DESDE EL AGRADECIMIENTO. Así nuestras vidas reciben una enorme carga de sentido día a día y sobre todo vivir a Jesús desde “LA ALEGRÍA QUE YO OS DOY NO OS LA PUEDE QUITAR NADIE” (Jn. 16,22)  

Pino Delgado STJ

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