Ana Mª Tejedor Peña. 12 de marzo de 2025 (Ávila Residencia)

El día 12 de marzo del 2025 fallecía Ana María Tejedor Peña, en la Residencia–Enfermería de Ávila. El Señor al que tanto amó, le salió a su encuentro dos días antes de cumplir los 89 años.

Había nacido en Langayo, un pueblo de la provincia de Valladolid, en una familia profundamente cristiana. Fue alumna de nuestro Colegio de Valladolid del que tenía un buen recuerdo de compañeras y profesoras. Al terminar sus estudios, ingresó en el Noviciado de Tortosa y después de hacer los primeros votos, su primer destino fue a Barcelona -la Casa Madre- donde hizo sus votos perpetuos y cursó estudios universitarios.

Desde muy joven y durante muchos años sirvió a la Compañía como: maestra de junioras en Madrid, consejera provincial, y coordinadora en las comunidades de Valladolid, Oviedo, Ciudad Rodrigo, Mora, Huelva, Ávila y también en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Estuvo de profesora en varios colegios, y las alumnas, profesores, hermanas y todos los que la conocieron la recuerdan con mucho cariño por su cercanía y sencillez.

Persona de oración, pasaba muchos ratos en el oratorio acompañando al Señor. Sus principales Maestros fueron Teresa de Jesús y Enrique de Ossó y continuamente daba muchas gracias a Dios por lo feliz que se sentía de pertenecer a la Compañía y así lo manifestaba con frecuencia. Fue una teresiana de corazón grande, donde tenían cabida todos. Vivió el “Todo por Jesús” en su día a día, como era el deseo de nuestro Padre.

Por su forma de ser hizo que todas la recordemos con agradecimiento y admiración. Fue una hermana extraordinaria que alentó y ayudó a vivir a otras muchas hermanas; siempre tenía palabras de ánimo y comprensión. Se interesaba por cada una y les demostraba su cercanía e interés. Mantuvo siempre viva la amistad de las personas que se confiaron a ella. Fue, para muchas, un pilar seguro donde sostenerse. Se puede decir que “pasó por la vida haciendo el bien”. Era una persona BUENA. Agradecemos a Dios su vida entregada, su ejemplo y cariño, y el haber vivido con ella ha sido “un regalo de Dios” para nosotras.

Dios la dotó con abundantes cualidades y virtudes. Entre ellas, destacamos: Mujer de corazón grande, entregada a todos sin distinción, fiel y prudente, muy discreta y abierta, de trato afable y cordial, humilde y sencilla, alegre y entusiasta, siempre con la sonrisa en su rostro, muy serena, trasmitía paz, disfrutaba con todo lo que la vida le daba y siempre se mostraba agradecida.

 Gozó de muy buena salud hasta hace algo más de un año, entonces comenzó con pequeños “despistes” y “olvidos” de los que ella, a veces, era consciente. En estos últimos meses el deterioro personal fue en aumento. A finales de enero, su estado empeoró y todo se le complicó: un primer ictus, otro, …, hospitalización en el Clínico; y pronto la situación pasó a ser crítica e irreversible. Su comunidad de Valladolid no la podía seguir atendiendo como ella necesitaba, por lo que desde la Provincia se creyó conveniente destinarla a la Residencia-Enfermería de Ávila y llegó a esta casa el 5 de febrero, donde desde el primer momento fue atendida con mimo y cuidado por las hermanas de la comunidad y por las cuidadoras, que tanto la querían desde que ella hace años estuvo en Ávila como coordinadora de la Residencia. Ahora en su última etapa y ya enferma, ha vuelto aquí, y aquí en Ávila se encontró con el abrazo del Padre-Dios.

Y como reza el Salmo 10, 7: “… porque el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro.”, esto, en ella, se ha hecho realidad. Tenemos la certeza de que Ana María ya ha contemplado Su Rostro y goza con Él de su Paz sin límites.

 “Y CANTARÁ ETERNAMENTE las MISERICORDIAS del SEÑOR”.