Comunidades de Ermitagaña y Etxabakoitz. Encuentro de Navidad.

El día 25 de diciembre, en la tarde de Navidad, las hermanas de las dos comunidades de Pamplona, Ermitagaña y Etxabakoitz, celebramos un encuentro festivo con el deseo profundo de compartir, agradecer y vivir juntas el misterio del nacimiento de Jesús. Fue un momento especialmente entrañable, marcado por la alegría del reencuentro y por el espíritu fraterno que caracteriza nuestra vida. En esta celebración navideña, este encuentro se convirtió en un espacio privilegiado para renovar la comunión y fortalecer los lazos que nos unen como hermanas.

La tarde comenzó con una oración compartida, en la que hicimos memoria del sentido más profundo de la Navidad: Dios que se hace cercano, que nace en nuestra tierra y camina junto a la humanidad. En un clima de silencio orante, oramos por el mundo entero, especialmente por aquellos lugares y personas que viven situaciones de sufrimiento, injusticia y dolor. Recordamos que, cuando las luces regresan a nuestras calles y las celebraciones a nuestras parroquias, estamos llamadas a pedir que la pequeña llama de la esperanza se transforme en una paz verdadera y duradera para todos.

Uno de los gestos más significativos del encuentro tuvo lugar en torno a un mapamundi. Ante él, cada hermana fue colocando una luz en aquellos lugares donde intuíamos una mayor necesidad de esperanza. Este signo sencillo y profundo nos ayudó a tomar mayor conciencia de la realidad de nuestro mundo herido y de nuestra misión como mujeres consagradas llamadas a ser portadoras de luz. Fue un momento de fuerte carga simbólica que nos recordó que ninguna guerra ni injusticia puede
apagar la luz que nace de Dios y que estamos invitadas a cuidar y compartir.

Durante la celebración también hicimos memoria agradecida de un acontecimiento muy importante para nosotras: el próximo 150 aniversario de la fundación de la Compañía. Renovamos nuestro deseo de “hacerlo todo por Él”, llevando este ideal de Enrique de Ossó a la vida cotidiana, al servicio sencillo y a la entrega silenciosa en cada
una de nuestras realidades.

El encuentro concluyó con una merienda fraterna, que se convirtió en un espacio de convivencia, diálogo y alegría compartida. Entre cantos, conversaciones y risas, pudimos intercambiar impresiones, fortalecer lazos y disfrutar de la sencillez de estar juntas. Este momento final selló una tarde profundamente significativa, que nos invitó a vivir la Navidad desde la fraternidad, la esperanza y el compromiso.

En definitiva, este encuentro navideño fue una experiencia de comunión que nos animó a seguir siendo luz, a vivir con alegría nuestra vocación y a caminar juntas, convencidas de que el Señor continúa guiándonos hacia un futuro de justicia, paz y
esperanza.

Ana Monserrat, stj