Fue en el año 2000, cuando las hermanas de la Compañía, en respuesta al deseo de vivir con otras y otros en medio de la gente, comprometidas con el barrio, con la parroquia, sintiéndonos Iglesia que camina hacia nuevas necesidades, iniciamos este camino. Estos 25 años han sido para nosotras, una oportunidad para palpar la trayectoria que nos permite vivir en este mundo en cambio, adaptándonos a los signos de los tiempos, sintiéndonos familia y aprendiendo a compartir nuestro carisma en este rincón navarro que tanto nos ha enseñado a vivir y a compartir la vida.
Dimos gracias a Dios por su presencia viva en nosotras, los rostros concretos con los que nos hemos ido encontrando y que han sido esenciales en el camino de lo desconocido, camino de profundización, de encuentros y desencuentros, de alegrías y tristezas, de inseguridades y certezas, pero sobre todo un camino de llamadas constantes a vivir plenamente a la manera de Jesús, creyendo que solo desde el amor y en lo pequeño, sencillo y lo cotidiano es posible la alegría y la entrega.
Agradecimos nuestra trayectoria con los Franciscanos menores conventuales que nos han brindado siempre ese gesto fraterno que les caracteriza.
Una hermana de la comunidad ofreció sus manos abiertas expresando el deseo de poner al servicio de los demás lo que somos y tenemos. Recordamos a las hermanas que han pasado por esta comunidad y, de una manera especial a la hermana Mercedes Gómez, M.ª José Llorens, dos de las hermanas que iniciaron el camino de esta comunidad y que gozan de la presencia de Dios, también a Iluminada San Martín.
Son mucho los vínculos forjados, la vida compartida, la confianza recibida, los pasos dados, por las luchas compartidas y las esperanzas tejidas en medio de contextos no siempre fáciles, pero siempre llenos de dignidad.
Contentas de reconocernos comunidad en misión que desea transformar la realidad al estilo de Teresa y Enrique, al estilo de Jesús.: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10)
Ana Monserrat, stj


