5 y 6 de abril - Ávila
¡Y por fin pudimos reunirnos de nuevo, después del paréntesis de la pandemia! Lo hicimos en Ávila, los días 5 y 6 de abril, las Coordinadoras de enfermerías y hermanas que acompañan a hermanas mayores, convocadas por la Hna. Isabel Robles, Delegada Provincial para nuestras comunidades, y acompañadas por la Hna. Isabel del Valle, nuestra Provincial. En total llegamos a ser unas 30 personas. Dirigió nuestra reflexión Vicky Irigaray, sobre el tema: “El acompañamiento humano y espiritual en la vejez y la enfermedad”. Vicky hablaba desde el convencimiento y la experiencia; sus condiciones físicas le han hecho necesitar apoyo la mayor parte de su vida y, agradecida, se dedica a acompañar y facilitar caminos a los demás, sobre todo a quienes viven la última etapa de su vida. Nos habló, nos orientó, nos enseñó incluso a las que, por años, pensábamos saberlo todo… Fue una jornada muy valiosa. Sin saberlo, nos fue afianzando en nuestra espiritualidad teresiana, desarrolló tres aspectos importantes que nos hacen falta para acompañar humana y espiritualmente a nuestras hermanas:- El acompañamiento requiere HUMILDAD. Aprender a no conseguir, pero seguir intentándolo; acostumbrarnos a sembrar sin poder cosechar; a comprender y transmitir, pero no siempre a solucionar; quizá a no poder alegrar sino a atravesar juntas el dolor… Ser cauce de la ternura y la misericordia de Dios, dejar que él actúe a través de nosotras.
- Ponernos en el lugar de la otra requiere salir antes de una misma. La empatía requiere DESASIMIENTO, mirar desde su punto de vista para comprender, captar desde dentro lo que está viviendo. Escuchar es más que oír, requiere voluntad, centrar la atención, acoger lo que me quiere decir de forma verbal o corporal. Es necesario vaciarse de sí, de las propias ideas, prejuicios, prisas, para centrarnos en la otra. La escucha nace del silencio que acoge.
- La vejez es un proceso de continuas pérdidas que debe vivirse como un reto y no como un problema. Hay que poner en marcha el corazón ya que, si las dimensiones física e intelectual decrecen, la emocional, religiosa y espiritual más bien crece. Y hay que aprender a cuidar por dentro. AMOR DE UNAS CON OTRAS. Compartimos consagración, descubrimos a Jesús en cada una de nuestras hermanas. Nos hacemos cargo de su situación y, en cuanto se pueda, les damos libertad de pensamiento y de acción, les preguntamos para que puedan expresarse, les damos algún pequeño trabajo y lo valoramos, les recordamos todas las cosas buenas que han hecho en la vida…


