Rosalina Antunes Araújo. 12 de agosto de 2022 (Fátima Residencia)

El día 13 de agosto de 2022, con 99 años, falleció en Fátima nuestra querida hermana Rosalina Antunes de Araújo. Nació en Caldelas, Amares – Braga. Entró en la Compañía el 18 de marzo de 1943.

La hermana Rosalina de Santa Teresa Antunes Araújo, formó parte del grupo de las fundadoras de la Compañía de Santa Teresa de Jesús en Angola, un grupo de misioneras escogidas entre las muchas que voluntariamente se ofrecieron para trabajar en Angola. Partieron de Lisboa en el barco “Moçambique”, que realizaba su primer viaje, el día 19 de noviembre de 1949 y llegaron a Bela Vista – Huambo, el día 3 de diciembre de 1949, fiesta del gran misionero San Francisco Javier.

Las hermanas teresianas de Angola que la conocieron dicen que se entregó totalmente en su vida de misionera. No había trabajo ni ocupación que no estuviese dispuesta a asumir, respondiendo siempre con gran responsabilidad. Tenía iniciativas para remediar en cualquier necesidad que apareciese, y buscaba medios y maneras de atender las necesidades que veía o le manifestaban.

La disponibilidad marcó siempre su vida, incluso en su edad avanzada estaba dispuesta para ayudar en todo lo que podía. Se interesaba por todas las obras que se llevaban a cabo en la Compañía, preguntando y acompañando, cuando se encontraba con las misioneras. El recuerdo de la Hna. Rosalina nos estimula y ayuda a vivir con entusiasmo nuestra  misión.

Como teresiana y misionera en Angola, vivió en varias casas donde se entregó con alma y corazón a la misión evangelizadora. Regresó a Portugal en 1975.

Las hermanas teresianas, su familia y amigos, todos, somos testigos de que la Hna. Rosalina fue una hermana alegre y servicial. Siempre tenía una sonrisa para quien se acercara a ella.

Creemos que, en el misterioso paso de esta vida al Padre, la Hna. Rosalina ya recibió el abrazo del Señor a Quien amó y por el que se entregó totalmente, al servicio de los hermanos.

Ella, que vivió la fe e hizo el bien, vive ya la realidad de su encuentro con el Padre de la misericordia que la acoge con los brazos abiertos.

Sentimos la nostalgia de su partida, de su estar entre nosotros, pero compartimos la misma fe y damos gracias a Dios por el don de su vida entregada al servicio de la Iglesia en la Compañía.

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